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Hijos del rugby

Hijos del rugby
Por Bruno López 14/11/13 – 14:57.

No es de extrañar que tal y como van las cosas últimamente, siempre haya una voz profética que se eleve sobre nosotros, manteniendo vivo aquel espíritu crítico y sarcástico del que Larra supo hacer periodismo. Hoy en día ese rol parece recaer sobre Arturo Pérez Reverte y sus columnas, que caen como el martillo de Thor despertándonos del canto de sirena al que esas arpías de traje y corbata nos tienen permanentemente sometidos.

Resulta que el otro día, en entrevista con el conocido conductor de un programa de actualidad, escuché unas declaraciones de Pérez Reverte que me llamaron la atención. Y si bien Arturo, como Larra en su día, es un esperanzador pesimista, yo me considero un pesimista esperanzado, y me puse a darle vueltas a esa entrevista.

Decía Pérez Reverte que: “Si la crisis dura lo suficiente para ser agónica, que lo está siendo, va a salir un hombre nuevo de esta crisis. Hará falta una generación. Una generación nueva, educada de otra manera, niños educados de otra forma, niños educados en el valor de un euro o de una bicicleta o un juguete. Niños educados en la austeridad y en saber que unas zapatillas de marca no te solucionan la vida… Y ese hombre nuevo será mejor”.

Tenemos una tremenda oportunidad de que el rugby juegue un papel en la reconstrucción moral de este país arrasado por los errores y el despropósito

No pude evitar pensar en nuestro deporte, el rugby, y esa tremenda oportunidad que tenemos por delante para que juegue un papel en la reconstrucción moral de este país arrasado por los errores y el despropósito. No pude evitar pensar en esa nueva generación que no es aún pero que puede ser, en esos ‘Hijos del rugby’.

Hijos del rugby que crecerán educados en el respeto máximo a los valores humanos.

Hijos del rugby que sabrán lo que es no sólo el valor de un euro, pero quizás algo más importante, el valor y el poder del sudor de la frente. Cómo el sufrimiento puede pavimentar un camino de espinas hacia la luna.

Hijos del rugby que serán juzgados no por el golpe que se lleven, no por su caída de bruces contra el suelo, sino por lo rápido que se levanten. Es ley de rugby y ley de vida: no hay nadie invencible y siempre hay alguien que te pone la mano y te tira de espaldas. Lo que sí existe es gente que se queda tirada en el suelo esperando que una solución pase por delante y gente que se levanta y sigue placando.

Hijos del rugby que asuman una serie de responsabilidades. Cuando el rugby te acoge, sobre tus espaldas cae también el deber de levantar la bandera, de correr con ella sin mancharla, protegerla como el tesoro más valioso, ondearla donde haga falta y cuando llegue el día, entregarla al siguiente. No huirán del trabajo que se les ha encomendado, más aún, lo buscarán con el hambre con el que buscas la línea de ensayo en el campo.

Hijos del rugby que enseñarán a sus padres que hay otro camino que no es el de la envidia y el fanatismo

Hijos del rugby que entenderán que ponga lo que ponga una zapatilla, todas tendrán el mismo aspecto cuando se llenen de barro. Y que sabrán que el valor de un jersey no lo marca su etiqueta, sino el conjunto de experiencias que se han vivido en el campo con él. Y así, cuanto más viejo, cuantos más caps se hayan vivido con el puesto, cuantas más roturas, ese jersey será más valioso.

Hijos del rugby que enseñarán a sus padres que hay otro camino que no es el de la envidia y el fanatismo. Como esos partidos de niños de ocho años que veía en Welford Road, donde todos los padres se sentaban juntos, disfrutando del placer de ver un conjunto de muchachos creando una nueva sociedad. Para aquellos niños, dar la mano y un abrazo al rival no era algo obligado, era algo tan natural como el propio rugby que corría por sus venas. Y la foto de final del partido era siempre de los dos equipos. Allí, en Leicester, los ‘Hijos del rugby’ ya han dejado su huella. Y aunque la mayor parte del año el cielo allí es gris, el sol sale todas las mañanas.

Hijos del rugby que tengan como compañeros de clase a los hijos de Gomez Noya, a los hijos de Belmonte o de Nadal, a los hijos del agua, a los hijos de hombres de hierro y domadores de anillas. Donde compartir experiencias sobre duros entrenos, pequeños pasos en aventuras imposibles sea motivo de júbilo. Hijos todos ellos de sueños tan atrevidos que ninguna generación anterior podrá destruir. Sueños construidos a base de sudor, lágrimas y sonrisas. Normalmente los tres van unidos.

Señor Perez Reverte, cuando todos esos hijos ya sean adultos, cuando alguno de ellos llegue a sentarse en ese sillón de piel en el que algunos han echado raíces, entonces ya no habrá carreras para escapar del Congreso. Ya no habrá mentiras ni locuras, o serán muchas menos. Cuando esos hijos del rugby tomen las riendas, entenderemos que sí hay una solución.

Y gracias a todos aquellos que nos forzaron a esta situación, gracias a todos los políticos, esos hijos del deporte que crecieron sacrificando su juventud y representando a un país por cuatro duros, entenderán que no hay dinero que pueda comprar la imagen que te devuelve el espejo cuando te acuestas por las noches. Y los políticos entenderán algún día que no hay suficiente dinero que pueda sobornar a Caronte para que les saque en barca del Hades al que están irremediablemente destinados.

Munduko Koloreak

Dantza zati bat: herri bat dantzan
Un trozo de baile; todo un pueblo en un baile.

Cuento: Obstaculos, Jorge Bucay
Bidea

Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad.

Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad.

Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso.

Temo… dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo.

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que están allí para construir un puente.

Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…

Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

Esta es tu vida.
Haz lo que amas, y hazlo frecuentemente.
Si no te gusta algo, cámbialo.
Si no te gusta tu trabajo, renuncia.
Si no tienes suficiente tiempo, deja de ver televisión.
Si estás buscando el amor de tu vida, detente;
Te estarán esperando cuando empieces a hacer las cosas que amas.
Deja de analizar demasiado, la vida es simple.
Todas las emociones son hermosas.
Cuando comas, aprecia cada último bocado.
Abre tu mente, brazos, y corazón a nuevas cosas y gente,
estamos unidos en nuestras diferencias.
Pregúntale a la próxima persona que veas cuál es su pasión, y comparte tu sueño inspirador con ella.
Viaja frecuentemente; perdiéndote te encontrarás a ti mismo.
Algunas oportunidades sólo llegan una vez, aprovéchalas.
La vida es acerca de la gente que conoces, y las cosas que creas con ellas
así que sal y comienza a crear.
La vida es corta.
Vive tu sueño, y viste tu pasión.

Manifiesto Holstee – 2009.

Desarrollar la escucha activa. Preparar un repertorio personal que podamos utilizar en nuestro ámbito laboral. Entrenarse en elocuencia y mejorar nuestra práctica comunicativa.