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http://autoconocimientointegral.com/2014/07/14/ensenar-significa-emocionar/

Pentsatzen duguna eta sentitzen duguna sortzen dugu.
Creamos lo que pensamos y sentimos.

1. La imaginación es la fuente de todo logro humano.

  • Esta es la primera frase que te encuentras al entrar en la página web de Ken Robinson. Buena parte de su pensamiento gira en torno a varios ejes. Uno de esos ejes es, sin duda, la importancia que concede a la imaginación y, sobre todo, a la originalidad. Ken Robinson no concibe una educación que no se base en potenciar la inteligencia. Precisamente será esta inteligencia la que nos distinguirá y la que enriquecerá la sociedad.

2. Si no estás preparado para equivocarte, nunca llegarás a nada original.

  • Ken Robinson es tremendamente crítico con la visión de la educación actual. Uno de sus argumentos es que penaliza el error y la equivocación. Penalizar el error mientras se educa es sencillamente una paradoja, porque es a partir del error de donde podemos sacar las mejores enseñanzas. El error debe verse como un proceso positivo dentro del propio aprendizaje del alumno.

3. Las escuelas se parecen a las fábricas.

  • En el siglo XXI aún mantenemos una estructura educativa industrial. Ken Robinson critica que en muchos centros educativos los alumnos se parezcan más a obreros que a estudiantes. Cuestiona la rigidez de los horarios, la separación de los alumnos por edades, la descompensación horaria de las materias y el hecho de priorizar el producto manufacturado al talento y a la creatividad.

4. La creatividad se aprende igual que se aprende a leer.

  • El concepto de creatividad es una constante en la obra de Ken Robinson. Y en este sentido la figura del docente resulta determinante para que el alumno fomente dicha creatividad en su centro educativo. Desgraciadamente, el modelo educativo actual mata la creatividad, no potencia el talento, sino que prioriza el resultado final más que el proceso en sí.

5. Es necesario potenciar la diversidad.

  • Si el docente es capaz de potenciar la originalidad y el talento en sus alumnos, entonces habrá logrado algo tremendamente importante: superar el modelo industrial basado en la homogeneización del producto. Las fábricas producen. Y el producto que se crea es siempre el mismo producto. ¿Es eso lo que queremos de nuestros  alumnos? ¿Es este nuestro ideal de enseñanza? Mediante la creatividad y el talento hacemos posible la diversidad. Para Ken Robinson dicha diversidad es uno de los activos más importantes que existen en la sociedad actual. Para Ken Robinson cuanto más creativos sean los niños, más posibilidades tendrán de autorrealizarse. Según Ken Robinson, la única forma de detectar talentos es hacer pensar a los alumnos de forma diferente.

6. La educación del talento no es lineal.

  • Otro de los grandes errores del sistema educativo actual es pensar que el conocimiento es lineal. Para Ken Robinson el aprendizaje no es lineal, sino orgánico, porque el mundo actual ha dejado de tener una concepción lineal para pasar a tener una visión global. La escuela se ha obsesionado en hacer creer al alumno que su destino pasa por la universidad. De hecho, explica Ken Robinson que en una guardería leyó un lema que decía: la universidad empieza en la guardería. Para Ken Robinson esta cita es errónea. La guardería empieza y acaba en la guardería. En eso consiste la educación orgánica. ¿Quién les puede asegurar a los niños de tres años que el futuro pasará por la universidad?

7. Los niños de ahora harán trabajos que aún no están inventados.

  • En la línea del pensamiento lineal encontramos esta otra frase de Ken Robinson. Actualmente, estamos enseñando en los centros educativos contenidos que no tenemos ni idea de si servirán o no dentro de un período relativamente corto de tiempo. Esto debería hacer pensar a los docentes y hacerles ver que lo que importa no es lo que enseñan, sino cómo enseñan para que sus alumnos puedan aprender por sí mismos cuando en un futuro no muy lejano deban llevar a cabo actividades que ahora ni imaginamos que desarrollarán. El saber no está en los libros de texto, sino en la imaginación y el talento que puedan desarrollar los alumnos.

8.  La creatividad es tan importante en educación como la alfabetización, y por eso debemos tratarla con la misma importancia.

  • Otro de los grandes problemas de la educación actual es que no se da la misma importancia a la alfabetización que a la creatividad. Basta mirar la descompensación de las asignaturas de las diferentes etapas educativas. ¿Por qué puede ser? Yo creo que la respuesta es muy sencilla. Es muy fácil enseñar a leer y a escribir, pero como docentes no tenemos ni idea de cómo enseñar a ser creativos. Es por ello que debemos aumentar el tiempo que le dedicamos a preparar una sesión lectiva y bajar nuestra productividad en beneficio de la creatividad de nuestros alumnos. Cuanto más pensemos, más creativos seremos. Si los docentes somos creativos, entonces será muy fácil enseñar creatividad en la aulas, independientemente de las materias que se impartan.

9. La gente produce lo mejor, cuando hace cosas que ama, cuando está en “su elemento”.

  • El concepto elemento es un término al que Ken Robinson hace a menudo referencia. Cada individuo debe buscar “su elemento”, es decir, debe ser capaz de encontrar por sí mismo o mediante la ayuda de otros sus aptitudes, sus pasiones, sus actitudes y sus oportunidades. Estos son los cuatro pilares fundamentales para el crecimiento personal de los individuos. Tenemos la obligación de descubrir qué se nos da bien y qué nos encanta hacer. Consiguiéndolo será como podremos autorrealizarnos y contribuir para crear una sociedad mejor. De ahí que como docentes debamos superar el pensamiento ilustrado basado en el análisis y en la lógica para sustituirlo por un sistema educativo holístico, abierto, flexible y diverso. Sólo siendo creativos dejaremos de ser conformistas.

10. No es acerca de estandarizar la educación, es acerca de subir el estándar de la educación.

  • El error del sistema educativo actual se debe a la estandarización. Estandarizar la educación no hace más que limitar la educación de nuestros alumnos, porque frena las aptitudes y el talento. A mayor estandarización mayor fracaso escolar, mayor abandono escolar. De ahí que sea necesario modificar el paradigma educativo actual donde la mecanización de los contenidos está por encima de la búsqueda del talento.

Estas son las 10 reflexiones que he querido compartir contigo acerca de Ken Robinson, probablemente, el mejor docente del mundo.

Algunos libros de Ken Robinson que te pueden interesar:

El elemento (prólogo de Eduard Punset): Descubrir tu pasión lo cambia todo
Out of Our Minds: Learning to be Creative

Hijos del rugby

Hijos del rugby
Por Bruno López 14/11/13 – 14:57.

No es de extrañar que tal y como van las cosas últimamente, siempre haya una voz profética que se eleve sobre nosotros, manteniendo vivo aquel espíritu crítico y sarcástico del que Larra supo hacer periodismo. Hoy en día ese rol parece recaer sobre Arturo Pérez Reverte y sus columnas, que caen como el martillo de Thor despertándonos del canto de sirena al que esas arpías de traje y corbata nos tienen permanentemente sometidos.

Resulta que el otro día, en entrevista con el conocido conductor de un programa de actualidad, escuché unas declaraciones de Pérez Reverte que me llamaron la atención. Y si bien Arturo, como Larra en su día, es un esperanzador pesimista, yo me considero un pesimista esperanzado, y me puse a darle vueltas a esa entrevista.

Decía Pérez Reverte que: “Si la crisis dura lo suficiente para ser agónica, que lo está siendo, va a salir un hombre nuevo de esta crisis. Hará falta una generación. Una generación nueva, educada de otra manera, niños educados de otra forma, niños educados en el valor de un euro o de una bicicleta o un juguete. Niños educados en la austeridad y en saber que unas zapatillas de marca no te solucionan la vida… Y ese hombre nuevo será mejor”.

Tenemos una tremenda oportunidad de que el rugby juegue un papel en la reconstrucción moral de este país arrasado por los errores y el despropósito

No pude evitar pensar en nuestro deporte, el rugby, y esa tremenda oportunidad que tenemos por delante para que juegue un papel en la reconstrucción moral de este país arrasado por los errores y el despropósito. No pude evitar pensar en esa nueva generación que no es aún pero que puede ser, en esos ‘Hijos del rugby’.

Hijos del rugby que crecerán educados en el respeto máximo a los valores humanos.

Hijos del rugby que sabrán lo que es no sólo el valor de un euro, pero quizás algo más importante, el valor y el poder del sudor de la frente. Cómo el sufrimiento puede pavimentar un camino de espinas hacia la luna.

Hijos del rugby que serán juzgados no por el golpe que se lleven, no por su caída de bruces contra el suelo, sino por lo rápido que se levanten. Es ley de rugby y ley de vida: no hay nadie invencible y siempre hay alguien que te pone la mano y te tira de espaldas. Lo que sí existe es gente que se queda tirada en el suelo esperando que una solución pase por delante y gente que se levanta y sigue placando.

Hijos del rugby que asuman una serie de responsabilidades. Cuando el rugby te acoge, sobre tus espaldas cae también el deber de levantar la bandera, de correr con ella sin mancharla, protegerla como el tesoro más valioso, ondearla donde haga falta y cuando llegue el día, entregarla al siguiente. No huirán del trabajo que se les ha encomendado, más aún, lo buscarán con el hambre con el que buscas la línea de ensayo en el campo.

Hijos del rugby que enseñarán a sus padres que hay otro camino que no es el de la envidia y el fanatismo

Hijos del rugby que entenderán que ponga lo que ponga una zapatilla, todas tendrán el mismo aspecto cuando se llenen de barro. Y que sabrán que el valor de un jersey no lo marca su etiqueta, sino el conjunto de experiencias que se han vivido en el campo con él. Y así, cuanto más viejo, cuantos más caps se hayan vivido con el puesto, cuantas más roturas, ese jersey será más valioso.

Hijos del rugby que enseñarán a sus padres que hay otro camino que no es el de la envidia y el fanatismo. Como esos partidos de niños de ocho años que veía en Welford Road, donde todos los padres se sentaban juntos, disfrutando del placer de ver un conjunto de muchachos creando una nueva sociedad. Para aquellos niños, dar la mano y un abrazo al rival no era algo obligado, era algo tan natural como el propio rugby que corría por sus venas. Y la foto de final del partido era siempre de los dos equipos. Allí, en Leicester, los ‘Hijos del rugby’ ya han dejado su huella. Y aunque la mayor parte del año el cielo allí es gris, el sol sale todas las mañanas.

Hijos del rugby que tengan como compañeros de clase a los hijos de Gomez Noya, a los hijos de Belmonte o de Nadal, a los hijos del agua, a los hijos de hombres de hierro y domadores de anillas. Donde compartir experiencias sobre duros entrenos, pequeños pasos en aventuras imposibles sea motivo de júbilo. Hijos todos ellos de sueños tan atrevidos que ninguna generación anterior podrá destruir. Sueños construidos a base de sudor, lágrimas y sonrisas. Normalmente los tres van unidos.

Señor Perez Reverte, cuando todos esos hijos ya sean adultos, cuando alguno de ellos llegue a sentarse en ese sillón de piel en el que algunos han echado raíces, entonces ya no habrá carreras para escapar del Congreso. Ya no habrá mentiras ni locuras, o serán muchas menos. Cuando esos hijos del rugby tomen las riendas, entenderemos que sí hay una solución.

Y gracias a todos aquellos que nos forzaron a esta situación, gracias a todos los políticos, esos hijos del deporte que crecieron sacrificando su juventud y representando a un país por cuatro duros, entenderán que no hay dinero que pueda comprar la imagen que te devuelve el espejo cuando te acuestas por las noches. Y los políticos entenderán algún día que no hay suficiente dinero que pueda sobornar a Caronte para que les saque en barca del Hades al que están irremediablemente destinados.

Munduko Koloreak

Cuento: Obstaculos, Jorge Bucay
Bidea

Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad.

Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad.

Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso.

Temo… dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo.

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que están allí para construir un puente.

Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…

Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

Mezutxoa botilan